Elena

By Alejandro Salgado Baldovino – Frases de Peliculas – 6/15/2014

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ELENA es la ópera prima de la cineasta y actriz brasileña, que ya había dirigido un cortometraje documental, igualmente premiado titulado “Undertow Eyes”. “Elena” es un bello y triste documental, testimonial, autobiográfico, dirigido y escrito de forma magistral por Petra Costa, hermana menor de la actriz Elena Costa. Aunque sólo se menciona en una ocasión, en uno de los diagnósticos, un protagonista recurrente es la enfermedad tan poco conocida de la depresión, al parecer heredada por la misma madre de Elena y Petra, que logró manejarla, así como la misma Petra. Lamentablemente Elena, alimentada por sus fracasos, no pudo. Y en el documental, Petra nos invita a un viaje por sus recuerdos desde la infancia, sobre la imagen de su hermana Elena. Petra, por medio de videos caseros, que captan momentos e imágenes cruciales para entender la historia, y las mismas tomas que ella anexa al filme, cargadas de una profunda tristeza, desesperación, melancolía y sin dudas belleza y poesía, realiza para mí una obra de arte. Una gran obra purificadora y directamente concebida desde las entrañas y el dolor, que inevitablemente contagia al espectador de esas mismas emociones, llegando a conmoverlo y removerlo. Me ha impactado particularmente por mi interés por el tema del suicidio y por la enfermedad de la depresión. Creo que es una de las obras más sinceras y fieles que he visto donde se manifiesta cualquiera enfermedad, porque quien te narra la historia y te muestra las imágenes es la directamente afectada. Todo eso, sin nunca parecer demasiado técnica, al contrario es muy humana, dolorosa, bella y poética. Demostración que el arte canaliza el dolor, y siempre es una opción y refugio ante las adversidades. Muy recomendada, incluso creo que puede ser objeto de estudio para médicos, psiquiatras y personas que quieran familiarizarse con la desconocida enfermedad… o simplemente a los que aprecien el arte en su máxima expresión.

Petra Costa: Inmenso placer que viene acompañado de dolor. Me ahogo en ti. En Ofelias. Estamos… Estamos… En escena. Yo actúo nuestra muerte… para encontrar el aire. Para poder vivir. Estoy enferma. Estoy enferma. Estoy enferma. Con amor. Tocame. Tocame. Tocame. Me convertiré… Me convertiré en agua. Me convertiré en agua. Poco a poco. El dolor se convierte en agua. En memoria. Las memorias se van con el tiempo, se desvanecen. Pero alguien no encuentra consuelo, sólo un alivio en las pequeñas aberturas de la poesía. Tú, eres mi memoria inconsolable hecha de piedra y de sombras. Desde ahí todo nace y baila.

Petra Costa: Elena. Tuve un sueño sobre ti anoche. Eras suave. Caminabas por las calles de New York con una blusa de seda. Trataba de alcanzarte, tocarte, sentir tu olor. Pero cuando miro estás en lo alto de una pared, atrapada en una malla de cables eléctricos. Miro nuevamente, y veo que soy yo quien está en lo alto de la pared, toco los cables eléctricos para conseguir electrocutarme. Y caigo desde muy alto y muero.

Petra Costa: En mi cumpleaños, me tomaste de la mano. Me llevaste arriba por las escaleras, entramos dentro de este cuarto, cerraste la puerta y dijiste: “Vas a cumplir 7 años, es la peor edad. Me voy a ir a vivir lejos, no nos vamos a ver por un tiempo. Pero te doy este caracol. Cada vez que me extrañes, pon la oreja en él. Yo también tengo un caracol y de esta manera podemos hablar”. Pusiste el caracol sobre mi oreja y yo escuché el mar. Tenías razón. Los 7 años fue mi peor edad.

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Petra Costa: Tomaste un frasco entero de aspirinas y licor cachaza. Sentada en tu escritorio escribiste esta carta: “Este misterio. Me siento oscura, en la oscuridad. Nunca va a terminar. No me atrevo a desear trabajar en el teatro, cine, danza, canto. Porque ya los viví y momentos después ya no tenía más luz. Y no sabía para qué y por qué los hacía. Si toda la tristeza de siempre tomaba control de mí. Me siento enferma. Si sólo pudiese vomitar. Ni eso. Me siento débil. Cobarde y avergonzada ante la vida y todos. Yo quiero morir. ¿Razón? Tantas que sería ridículo mencionarlas. Yo desisto. Desisto porque mi corazón está tan triste. Siento que tengo el derecho a no estar más vagando, con este cuerpo que ocupa espacio y sigue destrozando lo que tengo que es tan frágil”.

Petra Costa: Mi mamá es socióloga, trabaja en un diario y mi papá es político. En verdad, nuestro padre siempre decía, que vos y yo heredamos este sueño de hacer películas de nuestra madre. En el medio de nuestros videos encontré esta película que nunca me había mostrado. Una película muda donde es la protagonista. En ese tiempo ella soñaba ser una estrella de Hollywood y besar a Frank Sinatra. Eso la hacía sentir mujer e intentaba escapar de un mundo donde ella se sentía fuera de lugar incomprendida. Hija de una tradicional familia minera. Ella no encontraba lugar para sí, a no ser, casada, una mujer de sociedad. Un día sentaba frente al espejo de su habitación, hizo un dibujo. Un dibujo de tristeza. Decide que tiene hasta los 16 para encontrar sentido a la vida. Y lo encuentra: Nuestro padre. Petra Costa: Cumplí 17, 18 años. Siento que con las horas que pasan voy llegando más cerca de ti. Hasta que en mi cumpleaños 21, mi madre me mira y me dice: “Ahora eres más grande que Elena”. El miedo de seguir tus pasos empieza a desaparecer. Pero seguí buscándote. Elena. Estabas dentro de mí, un ser en mí. Dejé de sentir eso, y comencé a buscarte. Empezaste a tomar forma, un cuerpo, renaciendo un poco para mí. Pero para morir de nuevo. Y yo… mucho más consciente de sentir tu muerte esta vez.

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Petra Costa: Me llevaste a ver “La Sirenita” en un cine cerca de casa. Ese día empezaste a jugar al cine conmigo otra vez. Volvimos cantando, sintiéndonos como ella. Bajo el agua, soñando cambiar de piel. Después me leíste la historia original, donde la Sirenita sufre para convertirse en una mujer, pierde la voz y muere. “¿Cómo que se muere?” Te pregunté. Me sentí engañada. Te pregunté si podía dormir contigo. De esa memoria proviene el baile que creamos juntas. La Sirenita acepta el dolor de un cuchillo atravesando su cuerpo. Sangrando su cuerpo. Para conseguir piernas y ser capaz de bailar.

 

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